GEOGRAFÍA DE LOS SUEÑOS / A GEOGRAPHY OF DREAMS

EGON SCHIELE: Small Town II

I

La puerta, el muro de piedra, la ciudad, la entrada a la ciudad del sueño.
La entrada podría haber sido otra. La ciudad podría haber sido otra. El sueño siempre es el mismo.
Una ciudad es todas las ciudades.
Todas las ciudades del sueño hacen el sueño de las ciudades.
En el reino de la mente la idea de la ciudad es una imagen infinita que se concreta en imágenes separadas por albas sucesivas, por días sucesivos. Una noche aparece la ciudad castellana, otra noche aparece ese Londres que es un cuadro de Turner, con mas frecuencia deambulas por las muchas ciudades en las que se convierte aquella donde vives. Bilbao tiene ya hondas capas de tiempo y memoria y puede presentarse en distintos sueños como distintos avatares de sí con variadas atmósferas y espacios mutantes que se diría que no se comunican entre ellos, pues no aparecen juntos en el transcurso de la misma ensoñación. Y el Bilbao del sueño tiene barrios, secciones, avenidas como países en las que domina un color, una luz, una relativa ausencia de luz. Cada zona es un tiempo, una posibilidad, una frustración, un empeño. Y cada zona es un sueño en el sueño total, un barrio del sueño, una parte de la ciudad del sueño. Hay ruinas y veranos, hay ramas de sol que atraviesan los edificios en ruinas. Hay una calle amarilla, un laberinto gris, una callejuela negra con tiendas que se iluminan como velas, hay una ancha avenida de arena y un parque que desemboca en calles que la realidad no contiene, hay barrios que se desdoblan en otros mundos y un Casco Viejo que no tiene siete calles. Hay dolor, búsqueda, desesperación y gozo. Hay calles como trastiendas y varias librerías que solo existen en esa geografía de la noche. Hay calles encaladas y estrechas y landas azules con rascacielos. Hay un barrio de callecitas exóticas, pobres, blancas y laderas verdes con altas casas blancas. Hay muelles grises y azules, con agua oscura y brillante, puentes interminables, malecones de roca verdosa, una ria que remonta hacia un rio infinito. Hay caminos verdes y trenes verdes. Hay un tren que se pierde y autobuses que perdemos y trenes subterráneos que dan vueltas por un laberinto de túneles y estaciones. Hay una ria que viaja hacia su desembocadura por orillas que nadie ha visto salvo quien las sueña. Allí se expande un mundo colosal que a veces contiene varios países. Hay un Gran Bilbao que, extrañamente, adquiere una luminosidad y una transparencia deslumbrantes en la margen izquierda, la cual, si la lógica del sueño no fuese tan secreta y rebelde, se presentaría más bien asociada al smog vizcaíno y al humo de las chimeneas. Hay un Casco Viejo que derrama su desesperanza bajo un pesado cielo nocturno. Siempre es de noche en ese Casco Viejo por el que se alcanza un trasmundo y un paso de vuelta que no lleva de vuelta a ninguna parte. Se convierte algunas veces ese Casco Viejo en una ciudad medieval, casi un pueblo, con suelos de losas, con iglesias y pórticos y plazas y corrales, y el cielo de color vino se posa en las tapias. Hay un puente largo como una travesía que une la ciudad gris y verde y amarilla con la ciudad negra, violácea, azul de los malecones, las fábricas fantásticas, los parajes pintados por ángeles enfermos. Cruzar ese puente es muy difícil o imposible, a pesar de que no hay obstáculos evidentes. A los lados del puente la ciudad es épica y adusta, ciclópea, honda como un viento lleno de muchedumbres.

(Continuará.)

Egon Schielle Dead City III (City on the Blue River)

I

The door, the stone wall, the city, the entrance to the city of dreams
The entrance could have been another entrance, the city could have been a different city, the dream is always the same.
Each city is all the cities.
All the cities of Dream make the dream of the cities.
In the kingdom of the mind the idea of the city is an image that renders particular images set apart by consecutive dawns, by consecutive days
One night you find yourself in the Castilian city (a compound of towns and remembrances). That peculiar London which is a painting by Turner appears next. More frequently you ramble through the many cities which develop from the one you live in. Bilbao has already deep layers of memory and emotion and it can appear like many avatars of itself in many dreams and many atmospheres and mutant spaces which don’t seem to communicate for they never appear together in the same night and the Bilbao in the dream has districts, sections, avenues like countries where one colour prevails or a certain light or a relative absence of light. Each zone is a possibility, a time, a frustration, a struggle. And each zone is a dream inside the total dream, a neighbourhood in the city, a neighbourhood of the dream. There are ruins and summers, there are branches of sun that pierce the decayed buildings, there is a yellow street, a grey labyrinth, a black narrow alley with shops that light up like candles, a broad sand avenue and a park that ends toward streets which everyday reality does not contain. There are neighbourhoods that unfold into other worlds and an Old Quarter which does not have Seven Streets. There is grief and a perpetual quest and despair and joy. There are streets like back rooms and several book shops which only exist in that nightly geography. There are whitewashed narrow lanes, green moors with lonely skyscrapers built on them. There’s a quarter of small, exotic, poor, white back streets and there are green mountain sides with white houses and alien peoples. There are green and blue piers with dark shiny water, infinite bridges, docks of greenish stone, an estuary that goes up a river without end. There are green roads and green trains. There’s a train that gets lost and buses we failed to catch and subway trains that go round and round inside a labyrinth of tunnels and stations. There is an estuary that travels towards it’s mouth between banks nobody has seen except the dreamer. A colossal world stretches there and sometimes it contains several countries. There is a Greater Bilbao which strangely acquires a dazzling transparency on that left riverbank despite, shouldn’t the logic of dreams be so unaccountable, so rebellious, it should rather be shrouded in the Biscay smog and the smoke of chimneys. There is an Old Quarter that brims with gloom under a heavy night sky. It’s always night in this Old Quarter where you reach a hidden world and a way back that leads back nowhere. And sometimes it turns into a Medieval city, almost a village, with flagstone floors, churches and arcades and squares and backyards, and the wine coloured sky stands on the fences. There is a bridge as long as a long journey connecting the grey and green and yellow city to the black, violet, blue city of the wharves, the fantastic factories, the spots painted by sick angels. It’s very difficult to cross that bridge, even impossible, though no obstacles are at sight. To both sides the city is epic and grim, gigantic, deep like a wind full of multitudes.

(To be continued.)

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