Jonathan Strange y el señor Norrell

Descubrí Jonathan Strange y Mr Norrell por la serie de TV, en la que encontré elementos que me atrajeron mucho y, sobre todo, una forma de combinarlos profundamente original. Aún no conocía a Susanna Clarke y no sabía que estaba ante la marca de la casa. Pero era evidente que esos elementos venían de la novela y que, al contrario de lo que suele suceder con otras obras audiovisuales, probablemente la novela era mejor. ¿Por qué? Bueno, las cosas malas (exageraciones, efectos y efectismos creados para darle al espectador su ración acostumbrada) afectan a la narrativa visual; casi todo lo interesante o que da pie a componentes interesantes (el mundo, los personajes, el argumento, la combinación de novela neovictoriana y magia, el ambiente) procede de la obra literaria. Me equivoqué en cuanto al grado: la novela no era mejor, era mucho mejor.
  Ya en la serie de la BBC (que, por otra parte, está bastante bien) se podía percibir el encanto de la mezcla: la novela neovictoriana, con su sólido fundamento realista, su detallado ambiente de época, recibe un injerto fantástico que produce un fruto de sabor enteramente nuevo. Lo genial es que la magia no es algo ajeno a la sociedad en la que se desenvuelven los personajes:  aunque se ha perdido casi por completo,  ellos saben que fue abundante en el pasado; algunos individuos pueden ser cínicos o escépticos, pero por lo que se refiere al país, forma parte de su historia, y la gente acepta su regreso con cierto asombro, pero sin mayor resistencia. Esa naturalidad de lo mágico dentro de un marco histórico, esa convivencia de diferentes expectativas y cánones, hace que el mundo representado tenga la cualidad de un objeto deliciosamente incongruente.  Y esa cualidad despliega la distancia a través de la cual podemos tender una mirada vigilante sin dejar de disfrutar con la narración, la ironía, la trama, todos los juegos y juguetes que Clarke construye con exquisita gracia.

La  consistencia psicológica e histórica de los personajes, la rigurosa documentación, el conocimiento de la literatura y de la historia literaria aportan la cercanía de la verosimilitud en la parte realista,  pero la ironía, el humor, la presencia subversiva de la magia, aportan distancia.  Los elementos paródicos, folklóricos, culturales y hasta metalíterarios, revelan la existencia de un autor (autora) que los conoce y que tiene el poder de encajarlos y relacionarlos de forma llamativamente original. 
  Desde que se publicó  la novela  en  2004 se han dicho  y  escrito  sobre esta toda clase de críticas y opiniones. Se ha destacado la maestría de  los  diálogos, el rigor histórico del fondo realista, la imaginación creadora de Clarke, su conocimiento de la tradición literaria… Personalmente, lo que más me admira es lo que he llamado la marca de la casa: desde el conocimiento de unos ingredientes que salen del folklore, la literatura o la historia, Clarke hace algo consistente y enteramente personal. Los ingredientes en sí no son originales. La forma de ensamblarlos lo es por completo.
  Y en este sentido, lo más original en este teatro de 800 págs donde actúan Norrell y Strange es la magia. La magia lo cambia todo:
   cambia la historia, proporcionándole una dimensión extraña y burlesca
   se cambia a sí misma, porque la magia del mundo de Susanna Clarke tiene  algo diferente, al ser presentada como un elemento histórico, y nos nos brinda una incursión en una realidad alternativa, en un universo paralelo
   cambia la novela, que ya no es ni novela histórica ni novela fantástica, o tal vez sea ambas cosas, pero sobre todo es literatura (creación, invención y juego).

La magia no es algo que está ahí sin más pegado a las cosas, como milagro o excepción o secreto. Para empezar, tiene esa función de crear extrañeza, distanciamiento. No me parece que el distanciamiento esté en la mirada del narrador. Este es un narrador omnisciente propio de la novela que se escribía a finales de siglo XIX, en la que frecuentemente se contaban hechos situados a comienzos de la centuria. El otro elemento distanciador y transformador (una suerte de magia en sí mismo) es el humor, íntimamente ligado a las proezas de los magos y de la gente feérica, a la caracterización de los personajes y a las falsas notas a pie de página con toda su carga de folklore inventado y de erudición imaginaria, con sus micro relatos burlescos y sus referencias paródicas.

Esa distancia es lo que algunos lectores lamentan y perciben como una imposibilidad de dejarse arrastrar, absorber por la historia. Algunos se han quejado de que Susanna Clarke no haya escrito la gran fantasía épica que esperaban encontrar al abrir el libro. No creo que haya escasez de fantasía épica ni en librerías ni en  bibliotecas. En cambio, lo que Clarke aporta es algo que no vamos a encontrar en otra parte. Todo lo que nos permite ver las piezas y las jugadas un poco desde lejos, deja un espacio abierto a la inteligencia, que desarrolla un diálogo con la emoción sin que esta la avasalle. Pero la emoción y la intensidad hacen su jugada maestra al final del relato.

En esta misma línea, un crítico del New York Times señaló que a la novela le falta la pugna decidida y grandiosa entre el bien y el mal que es propia de la novela fantástica, y donde la magia encuentra grandes y rotundos objetivos. De nuevo yo diría que estamos empachados de villanos insuperablemente perversos y de héroes iluminados  por el aura de su misión redentora. Prefiero con mucho la aportación de Susanna Clarke, menos estereotipada, menos esquemática, la cual, con toda su variedad de ingredientes tomados de la tradición cultural, entre casas victorianas y tapices vivientes, a lo largo de  escenarios que parecen cuadros de Monsú Desiderio o grabados de Piranesi, esconde la posibilidad de cuestiones morales y metafísicas como ocurre con  los relatos de Borges. No es un mundo en blanco y negro. Los héroes no son perfectos y los villanos ni siquiera son villanos. Y eso está bien.

La presencia de algo oculto, maravilloso, admirable y temible, la comunicación entre la Naturaleza y el ser humano, la unión de todas las cosas, revelación de una realidad diferente: eso es la presencia del rey Cuervo, magia, religión primordial y poesía. Eso es lo numinoso que se nos acerca página tras página


En cuanto a la épica que algunos lectores esperaban encontrar, Clarke nos compensa con creces mediante la poesía. La relación de la poesía con la magia se hace más fuerte a medida que se hace más fuerte la magia y surge con mayor pureza de sus orígenes oscuros. A lo largo del relato sentimos que el rey Cuervo se acerca y, cuanto más cerca está, más poderosa es la poesía,  hasta sustituir al humor como prisma o lente que condiciona el relato.  Vamos de la magia norrelesca a la magia extraña (de Strange). Y cuando el mundo incorpora lo extraño, deja de estar extrañado. La presencia de algo oculto, maravilloso, admirable y temible, la comunicación entre la Naturaleza y el ser humano, la unión de todas las cosas, revelación de una realidad diferente: eso es la presencia del rey Cuervo, magia, religión primordial y poesía. Eso es lo numinoso que se nos acerca página tras página. Al principio dominan los elementos distanciadores y la función distanciadora del humor y de la magia misma. Pero cuando la profecía se cumple los mundos se juntan. Ya no hay separación y la naturaleza nos habla como si nunca hubiéramos abandonado el jardín del Edén.

Published by Mary Wolfhouse

Writer and freelance journalist. Mary Wolfhouse is a pen name and also an Internet avatar.

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